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ESTAR BIEN, SER DISTINTO

6Toros6

ESTAR BIEN, SER DISTINTO

esde que finalizó la temporada europea, en semanas sucesivas del otoño y del invierno hemos venido publicando en esta revista una selección de crónicas del año pasado ilustradas con grandes fotografías, que hemos titulado “Los acontecimientos del 2019”. El común denominador de las faenas seleccionadas era, como indicaba su título, que todas habían sido sucesos que marcaron el desarrollo de la temporada, generalmente –aunque no siempre– premiadas con la concesión de orejas. Los criterios de selección eran bien sencillos: plazas importantes, toreo grande y repercusión posterior en el desarrollo de la campaña. Tras unas breves palabras introductorias escritas para la ocasión, en cada trabajo hemos preferido reproducir las crónicas que se publicaron en su momento porque pensamos que esos textos escritos nada más terminar los festejos iban a ser siempre más fieles al espíritu –y también al clima– de las faenas que la posterior recreación que podíamos hacer de ellas varios meses después. A nadie se le escapa que los textos escritos “en caliente”, dejándose llevar –por fortuna– de la pasión del momento, pueden en ocasiones carecer de visión de futuro –obviamente, no es posible adivinar, aunque a veces se intuya, lo que va a suceder en el futuro ni las repercusiones que tal o cual faena va a tener, para el torero, para la temporada e incluso para devenir de la Fiesta–, pero en compensación recogen perfectamente la esencia de lo que se vio y vivió en la plaza de toros. Esos han sido los textos reproducidos, en esta ocasión acompañados de todas aquellas fotografías que, siempre por motivos de falta de espacio, no pudimos –salvo casos excepciones, como las tardes de José Tomás en Granada y de Antonio Ferrera en la Feria de Otoño de Madrid– incluir en su momento. A lo largo de los ya casi treinta años de vida de 6TOROS6, se ha resumido de casi todas las maneras posibles el desarrollo de la temporada anterior; nunca, en cambio, se había ofrecido con este tratamiento textual y gráfico. A todos los que hacemos esta revista no se nos escapa que toda selección, por muy amplia que Dsea, si por un lado es limitada, por otro responde a unos criterios personales basados en la subjetividad. Con esto no quiero decir que no hayamos pretendido ser objetivos; lo que digo es que elegir una faena supone rechazar otra, y cada elección –lo mismo que cada rechazo– tiene un alto componente ideológico. Se comparta o no esta idea, espero que al menos se admita como elemento sustancial del juicio del aficionado, sea periodista o sea espectador. De los tres criterios barajados para que una faena fuese considerada un “acontecimiento” –que tuviese lugar en una plaza importante, que el toreo haya sido grande y que repercutiera en el posterior desarrollo de la temporada–, esas que por lo tanto han recibido un tratamiento superlativo en estas revistas invernales, el más subjetivo de todos es el segundo, porque con toda probabilidad habrá igual número de aficionados que coincidan y discrepen sobre lo que es el toreo grande. Y mucho más, en lo que es estar bien con un toro, que es un concepto etéreo que agrupa muy bien a los tres criterios anteriores. Hablando el otro día de suertes del toreo a los alumnos más jóvenes –esos que aún han visto pocos toros– del Curso de Periodismo Taurino de la Universidad Complutense-Fundación Wellington, me permití darles un consejo muy conocido, que es el mismo que me dieron a mí cuando tenía muchos menos de los años que ellos tienen ahora y me encontraba en su misma situación: para valorar a un torero, antes hay que fijarse en el toro. Y también esto otro: los toreros nunca torean en abstracto, si no que lo hacen a través y en función de un toro, y estarán bien o mal no según cuáles sean las condiciones y características del animal, sino según cómo entiendan los problemas y virtudes del toro y, a partir de ahí, sean capaces de aportar soluciones y respuestas. Los toreros que acierten, sin duda entenderán al toro, llegarán a los tendidos, triunfarán y, si atinan con la espada, con toda seguridad cortarán orejas. Habrán, por tanto, desentrañado los misterios del animal y firmado una tarde de triunfo. Pero, ¿habrán estado bien con el toro? En la mayoría de los caso sí, naturalmente, aunque el concepto de estar bien con un animal es mucho más amplio, tiene numerosas aristas y no se circunscribe sólo a la secuencia de muletazos, que es lo que percibe el aficionado menos atento o, en otros casos, más predispuesto a ver sólo lo que quiere ver, esto último en función de sus gustos, disgustos, manías persecutorias, tópicos asumidos y odios heredados. Para estar realmente bien con un toro, además de saber descifrar y entender sus exigencias, además de responderle con inteligencia y de torearle con verdad y pureza, además de respetar al animal y a lo que la Fiesta significa, además de cuajarle toreándole muy bien –de manera clásica o moderna, es lo de menos–… además de no sé cuántas cosas más, la faena tiene que tener algunos elementos invisibles que, no por serlos, dejan de verse. La faena deber tener distinción, y esto se consigue transmitiendo la sensación inequívoca de que ningún otro torero sería capaz de hacerla igual en ese exacto momento: otro torero, o incluso él mismo en otra época de la temporada o de su trayectoria, haría otra faena, quizá igual de buena, pero siempre diferente. Ser distinto, esa es la palabra. Y el toreo que la da forma debe tener peso y fondo, alcance y trascendencia, color y forma. Y clase, naturalmente, cada torero la suya, que es muy distinto a tener arte. El arte es maravilloso pero efímero, mientras que son la clase y el valor los que sostienen el edificio técnico y estético de las grandes figuras. Todas las faenas consideradas “acontecimientos del 2019” tuvieron las características aquí descritas. ¿O alguien piensa que otro torero podía haber estado como estuvieron con esos toros en concreto El Juli, Roca Rey y Pablo Aguado en Sevilla; José Tomás en Granada; Roca y David de Miranda en San Isidro; Ureña en Bilbao; Ferrera y Perera en Otoño; y El Cid en Zaragoza? Hubieran estado bien pero diferentes; ese es el toque de distinción de que venimos hablando. Seguir leyendo

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