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FIGURAS DE AQUÍ Y DE ALLÁ

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FIGURAS DE AQUÍ Y DE ALLÁ

inalizada la Temporada Grande en la Plaza México, esos importantes festejos han dejado dos claras conclusiones: la primera es la incorporación definitiva de Antonio Ferrera al reducido universo de toreros allí denominados “consentidos”, categoría que se adquiere mucho más por la calidad, alcance y fondo de los éxitos que por la cantidad de los mismos, obviamente siempre necesarios. Ferrera ha entrado de lleno en el gusto de esa afición por su condición de torero diferente, tras hacer una campaña modélica en la Plaza México. La segunda conclusión es que Joselito Adame ha defendido su posición de máxima figura mexicana, en un abono en el que también han salido reforzados sus compatriotas José Mauricio, Gerardo Rivera y El Zapata, diestros que no tienen la categoría de figuras, pero sí la de toreros de ferias... mexicanas. Y es esta distinción la que me llama la atención. Debido a la fuerza del toreo de nuestro país y a la alta categoría de los toreros españoles (en realidad, ahora ya europeos, tras la irrupción de Sebastián Castella también en las ferias americanas), es una certeza histórica que las figuras españolas lo han sido y lo son en todos los países del planeta de los toros. Así ha sido siempre. En cambio, es otra certeza histórica, y en este caso también una injusticia, que muchas de las grandes figuras americanas no lo han sido en absoluto en Europa. Es evidente que ha habido maravillosas excepciones (de Rodolfo Gaona a Roca Rey, pasando por Armillita, César Girón, Carlos Arruza y César Rincón, entre otros) de toreros que tuvieron exactamente la misma categoría aquí y allí; no obstante, la norma general es que los diestros que marcaron una época en su país, sobre todo en México, pocas veces tuvieron la misma categoría en España. No hablamos de toreros que vinieron a torear algunas corridas (bien colocados en las ferias, desde luego), si no de espadas que aquí hicieron campaña tras campaña compitiendo de tú a tú con las figuras españolas. Los últimos son Rincón y Roca, pero estos toreros, igual que le sucedió a Arruza, se hicieron figuras en España (no vinieron aquí siéndolo), de ahí que sea esta la condición Fnecesaria (e imprescindible) para recibir aquí el buen trato que se merecen y que sí tienen allí. Un caso paradigmático fue el de Manolo Martínez, “mandón” absoluto en México, que a España llegó en figura pero en este país sólo hizo alguna temporada anecdótica. Martínez era el equivalente mexicano de Paco Camino, otro “consentido” en la Monumental de Insurgentes, pero nunca hubo reciprocidad real entre lo que Camino era allí y lo que Martínez fue aquí. Es probable que en este caso en concreto, la voluntad de ser y de llegar a ser de los toreros tuviera una influencia determinante. Y más o menos lo mismo sucedió con Eloy Cavazos, otra figura máxima en su país, que si bien en España toreó en carteles importantes, y en Madrid triunfó en diferentes temporadas, lo cierto es que su paso por nuestros ruedos no dejó la huella que su categoría merecía. Y lo mismo podría decirse de Curro Rivera, otra figura máxima en México que, a pesar de lograr en España (y en concreto en Madrid) grandes triunfos, nunca alcanzó a ser en Europa lo mucho que fue en América. Y también dos casos más recientes: Zotoluco, gran figura en su país y “condenado” aquí a torear las corridas de Miura y Victorino; y ahora Joselito Adame, que aun siendo figura en México la temporada pasada no toreó en España (él dijo que por voluntad propia, pero habría que saber los motivos auténticos) y este año no está anunciado en ninguna de las primeras ferias del año, a pesar de la buena Temporada Grande que ha hecho, y según parece tampoco va a hacer temporada europea. Y podríamos nombrar a otros muchos toreros, más antiguos que modernos, pero este modesto artículo no quiere ser un trabajo de historia, sino una reflexión acerca de por qué no hay una correspondencia real de trato en los respectivos países entre las figuras de aquí y allá. A parte de las cuestiones relativas al toro y a la ejecución del toreo, sin duda fundamentales y que hace unas décadas estaban en la base del asunto aquí tratado, es probable que también haya un tema de falta de comunicación. Aunque las desigualdades en presentación del toro son evidentes, la preparación y el concepto de los toreros se han equilibrado porque la gran mayoría de los diestros americanos que funcionan en su país se han hecho toreros en España. Aquí han cogido la base y las formas, y en la actualidad el ejemplo perfecto es, además de Roca Rey y Joaquín Galdós, Luis David Adame, diestro mexicano que en la concepción y realización de su toreo tiene una perfecta mezcla de lo español y lo mexicano, lo primero por la manera de colocarse ante el toro y de realizar el toreo y lo segundo por su gusto por la variedad. Y sin embargo, Luis David no es figura allí ni tampoco lo es aquí, quizá porque aún le faltan éxitos rotundos que le aúpen y mantengan en esa posición. En México torea por derecho propio y en España torea, a pesar de sus triunfos (muy destacados fueron los del año pasado en Bilbao), por la voluntad y fuerza de sus apoderados. Y lo mismo que su hermano, tampoco está anunciado en las tres primeras grandes ferias de la temporada española, lo que no sucede con ninguno de los otros grandes triunfadores de las Corridas Generales bilbaínas. Decíamos que falta comunicación y valoración de lo que sucede en América. Desde luego que está en los portales y en las revistas, y en algunos medios generalistas, aunque ni unos ni otras logran llegar a los espectadores no estrictos seguidores de la información taurina. Y esto es precisamente lo que no sucede en otros ámbitos: los no aficionados al fútbol, al baloncesto, a la música y al cine conocen a la perfección (debido al bombardeo mediático) quiénes son en cada apartado las figuras globales, ese concepto que lamentablemente no se da en los toros. Los futbolistas y los actores son conocidos universalmente, y si es cierto que la Fiesta no puede pretender que un torero sea popular también en Canadá o en Singapur, quizá no es mucho pedir que haya una mayor repercusión en España de lo que sucede con sus figuras nacionales en la Plaza México o en la Santamaría, por sólo citar dos plazas muy importantes. Seguir leyendo

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